Mostrando entradas con la etiqueta humanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta humanos. Mostrar todas las entradas

No hay cosa más linda que una rubia teñida (2)

|

El otro día, él me dijo, aunque no recuerdo exactamente, algo con respecto a la altura del año en la que estamos, siendo, ella, particular, distinta, de alguna manera la única altura del año de los últimos años. Algo así, dijo él, como si nunca, a esta altura del año, hubiera sentido un año tan lleno, con tanto tiempo adentro y tantas cosas adentro.

Claro que, debido a mi natural y sino naturalizada afición por el infantil, gastado y bochornoso silencio, mi respuesta fue corta, obvia. NADA. Sin embargo, entendiendo que, tanto él, como cualquier ella, como cualquier todo y como cualquier cosa, no son más que las coordenadas trazadas por nada más que mi mente, traté de revertir la situación y contestarle en serio a él y al planteo que me hizo, a partir de preguntárselo a Sofía.

Mi Sofía. (En tanto lo mío es la lejanía absoluta entre lo que mis ojos deciden que ven y creen -sólo pueden creer y nunca saber- y ese ser que sólo sé que es porque lo decido; pero, si lo creo, si tengo fe en que ese otro, Sofía en este caso, es, también tengo que morir constantemente al entender que a lo que creo, en lo que tengo fe que es al margen de mi mente, nunca lo voy a poder alcanzar. Porque no soy yo).

Sofía, cómoda, inalterada, sin sonrisas ni infelicidad en los labios, me contestó que sí. Yo, dijo Sofía, estoy, aunque no lo había pensado, en la misma. Pero lo había sentido. Y eso, claro, está tantas veces más cerca del saber que el pensar.

El año, como una ballena que presenta signos, ni siquiera síntomas, de algo que parece una enfermedad, pero que no se sabe si es benévola, maligna o -lo más probable- indistinta a esas palabras vacías y aburridas, está llena de costras, granos gigantes, colores nuevos y alterados en nuevas y alteradas formas, lugares, de su irregular y nuevo cuerpo. Está, el año -la ballena- tan cargado de curaciones, autoflagelaciones, heridas, placeres y amores que parece, podría, llegar a explotar y nadie se daría cuenta de que falta un mes. Este año, me decía, aprendí la única lección que voy a aprender en mi vida: nunca voy a aprender. Y no lo digo porque haya cometido algún error que ya había vivido antes. No. Para nada. A lo que me refiero diciendo que nunca voy a aprender es que nunca, aunque pasen miles de años, voy a saber algo. Saberme a mí. Como si no pudiese controlar el tan furioso cuerpo de emociones que recorre mi sangre empetrolada, me vi siendo, mucho más que haciendo. ¿Hice más que otros años? ¿Menos? Qué importa. Aprendí a no aprender, ni siquiera quién o qué soy. Aprendí cuando me vi siendo, cuando me sentí siendo, por un segundo de abstracción o conexión total, pura y absoluta con mi ser, otra. Otra, dijo Sofía, que, siendo sincera, sabía que podía ser. Y cuando fui, cuando esa posibilidad se hizo hecho, aprendí que no me puedo aprender, que ser es distinto y tanto mejor que saber la posibilidad de ser. Y por ese ser no hablo de "cosas copadas" o "terribles sufrimientos" exluyendo unas u otras. Excluyendo la soledad o la compañía total. No. Por ser me refiero a verme, en este año, en distintos y un mismo momento, siendo algo más.

Creí, como nunca antes, dijo Sofía, en mí. Me odié hasta el punto de ser yo odiándome en toda la plenitud de mi ser. Me amé; me amé hasta sentir y saber que mis dudas, mis sospechas, mi paranoia era tan mía, tan real, estaba tan ahí que nadie me la iba a sacar, al margen de su verdad, de lo que sean los otros, de su mentira. Me olvidé, fui una olvidada y empecé a ser alguien que olvida. No me olvidé. Caí, como siempre o nunca, no sé, en que, no la persona, sino la sensación de amor, de ser en torno al otro no se puede olvidar, siendo una, tres o todos los chicos, modelos, amigos, pajeros, padres y no amigos que se cruzaron por mi vereda, mis noches, mi trabajo y mi computadora. Volví a amar. Fui alguien amando, en este año, como nunca fui en mi vida. Fui alguien lleno de odio, hasta acalambrarme la mandíbula, hacia el odio mismo de los demás. Me cansé. Fui y soy y de alguna manera seré alguien que se cansó de la violencia gratuita de los demás. Y me encargué de ser, a veces sin querer, otras queriendo, alguien llena de violencia gratuita. Pero yo, dijo Sofía, no voy a ser una imbécil más, repleta de esa violencia gratuita de manera infantil -más que yo-, pesada, asexuada y, sobre todo, aburrida. No. Mi violencia gratuita prácticamente no se ve. Mi violencia gratuita no me importa que se vea. Mi violencia gratuita no la muestro. La soy. Y esa violencia, gratuita a veces, con razones otras -para los demás; para mí siempre hay razones para ser violenta-, si la tuviese que describir, diría que se parece a la violencia inmensa de un acorde luminoso, sin raspones obvios, sin notas oscuras, de una guitarra con un poco, no mucha, casi nada de distorsión. Mi violencia gratuita, que corre en mi carne podrida cuando los miro, cuando sé que los voy a mirar y cuando sé que no estoy sola, se parece al helado de verano que se chorrea, se balancea y antes de caer, frío y para morir, en la baldosa sucia, se acomoda en los movimientos de serpiente que, innatos en su violencia, guían la mano del chico y no el chico a la mano. Y no caigo. Mi violencia gratuita se parece al silencio y a la lentitud emocionante que tiene un lavarropas cuando moja, enjabona, levanta y vuelve a soltarle la mano a la remera que, contenta, drogada de polvo y aromas tropicales, se deja violar por la máquina.

Mi violencia gratuita, dijo Sofía, es tener una seda flotando sobre mi cara, todo el día, todos los días, que me impide saber quiénes son los demás, cómo se mueve la realidad y, fundamentalmente, que no me deja ser reflejada en el espejo y ver -nunca voy a aprender- quién soy yo.

La cultura se drogó cuando los políticos pidieron el puño de Jesús

|

Hoy estuve en la primera radio de humor que tiene Latinoamerica, en el programa Ok! Entendimos (programa nuevito, de apenas dos semanas y monedas), leyendo esto:

Carta de una oyente indignada con los políticos.

Mi nombre es María Teresa Hicks, soy de Martínez y tengo veintinueve años. No tengo vergüenza en decir que antes me llamaba Fernando Andrés Hicks. Y esto es fundamental para entender cómo viene la mano: desde el año pasado, cuando me divorcié de Sofía, mi mujer, me siento nuy bien. Y sobre todo libre: acepté que adentro mío estaba María Teresa y la dejé salir. Acepté que cuando le acababa a Sofía no era porque me excitaba cómo se abría los cachetes, sino por lo tanto que la había podido fajar antes. Me acordaba de lo impresionante que era sentir su saliva caliente en mis nudillos, por la piña que le había encajado en pedo. Y me acordaba de mi primo Benedicto; pensaba en declararme y todo eso. Pero no me quiero ir de tema.
Lo que quiero decir tiene que ver con las elecciones. No es que la votación me quite el sueño. Pero por qué no me quita el sueño, ése es el tema…

LA DROGA. El tema es la droga. A mí no me van a convencer de que los candidatos que vemos estos días estén realmente en contra de la droga. Y eso me enerva, me saca. Me pongo tan nerviosa que tengo que abrir una ventana, gritar, no sé, patear algo, cortarme o algo así y odiar cada vez más. Me dan asco. Hijos de p… No, no quiero ser malhablada, pero la verdad ¿Alguien me puede negar que todos están fomentando la droga? Y no hablo del tema ese del narcotráfico, eso no existe, es mentira. A mí me importa la droga, todas, todas iguales, que consumen los pibes, los grandes, todos, la droga que está en la calle. Y yo sé algo que no se dice, algo que lo ocultan bien y es digno de un plan infernal. Nos mienten y para colmo les creemos, lo festejamos, creemos que hacen una buena gestión por eso. Y así guardan un secreto que hasta al más cristiano de los cristianos lo embauca. Sé que corro riesgo de muerte por decir esto, pero no me importa. Alguien tiene develar el secreto que guardan estos criminales. Y que me amenacen: yo sé que en el cielo Jesús me va acoger entera, dios, como me enseñó mamá.

La jugada más hija de puta de todos los políticos, TODOS, y que mantiene vivo al mercado de la droga tiene dos sílabas: cul-tura. Sí, la cultura. ¿¡No se dan cuenta!? Es eso. Y no hablo de los centritos culturales, los teatritos de cuarta, los barsuchos para bandas o los murales de mierda que pintan los “grandes dibujantes” de esta época. No. Hablo de la cultura enferma que se infiltra en nuestras vidas. Esa que está en las grandes casas de discos, en el San Teatro que tenemos en Corrientes, en el Bellas Artes, ¡en el Colón! ¡Todos esos lugares están enfermos! ¡Sí señor! Porque si usted, como yo, como María Teresa Hicks, hija de cristianos y algún día madre de cristianos, no quiere a la droga; si usted NO ESTÁ A FAVOR DEL INFIERNO DE LA DROGA, honestamente, como buena cristiana, tiene que agarrar todos sus libros, todos sus cassettes, sus dvs, sus discos y QUEMARRRLOS. Porque todos esos músicos, actores, escritores, ¡todos esos artistas!, estaban completamente drogados cuando hicieron sus obras. Así es. No hay droga si no hay cultura. No hay droga si no hay cultura. Si sabemos, vamos señores, que la droga es uno de los trucos del Diablo, ¿por qué no aceptamos que lo hace a través de la cultura? ¡Nos mintieron siempre! Y los políticos de hoy siguen hablando a favor de la cultura! Con Macri tenía esperanzas. Pero no. No terminó con todo.

¡Ay Jesúúús! ¿Por qué la realidad es tan cruel? Estoy en un mundo que no es mío, sola, sin nadie que me abrace como lo hacés vos, a la noche, ¡quiero más! No me alcanza el manto, tu pecho, quiero tu pecho en mi espalda Jesús; mi angustia desde que me levanto hasta que me acuesto, no la quiero más! Yo quiero tu mano, tu brazo, Jesúúús, quiero tu puño, tu puño adentro mío, por favor, meteme el puño Jesús, ahí Jesús, meteme el puño por atrás y sacame de este nido de serpientes…

Bendiciones para un país enfermo.

María Teresa Hicks

El arte es llorar y cagarse encima de felicidad

|

Si no querés ser Él, estar en Ese público o haber formado parte de Eso, ESTÁS MUERTO, EN BLANCO, VACÍO, SOS UNA CAGADA HUMANA, TU SENSIBILIDAD SE LA TRAGÓ EL AUTO-MAC, LA LITERATURA SNOB Y LA MÚSICA QUE ESTÁ EN POSE. TENÉS QUE TIRARTE ABAJO DE UN TREN ASÍ NO SEGUÍS ENFERMANDO AL MUNDO. HIJO DE PUTA. DEJANOS SER. QUEREMOS REÍRNOS Y MOVERNOS COMO ESPÁSTICOS HASTA DORMIRNOS CON UNA SONRISA EN LA JETA. DE DÍA. EN LA PLAYA. Y con algo abajo de los brazos.


No hay cosa más linda que una rubia teñida

|

Hoy hablé con Sofía. Me dijo que tiene los mismos problemas con movistar. Mientras íbamos en el 720 arrancábamos la cabeza de los huesos, doblando, torciendo hasta darnos cuenta que el cielo estaba adentro de un agujero que hasta hoy era de agua, abajo del puente por el que pasa el bondi todas las idas y venidas. Nos quedamos helados porque, además del frío, la noche de ayer, sábado, nos la habíamos pasado comiendo unas barras de chocolate color verde fluor que el cuñado de ella le había traído de afuera. Hoy mirábamos todo con ojos de lo contrario a un colibrí o un neurótico.

Todo eso lo creí, lo querí haber vivido o soñado al menos. No lo encontré en el 720. No pasamos la noche del sábado juntos. Yo no salgo los sábados. Hoy, domingo a la mañana, temprano, cuando todos los que duermen creen que todos duermen, yo me estaba peleando con una boca amorfa que adentro tenía amontonada una masa violácea y babosa, con tres o cuatro dientes puntiagudos y amarillentos, rugosos, clavados. Me decía que si había usado el servicio, por más cerrada que estuviera la boletería en La Lucila, ahí, en el culo del mundo, que se llama Tigre, tendría que pagarlo. "Pero yo pago para que entre otras cosas la boletería también esté abierta AHÍ". Primero me miraba las tetas, pero después se alteró. Dijo que si el servicio lo había usado tenía que pagar; que no era excusa lo de la boletería porque lo que importa es el viaje y que si no pagaba, la próxima vez que me viera sin boleto, cuando esté yo, aunque la boletería esté cerrada, NO PASÁS.

Es ahí cuando me alegro de que ella ahora tenga el pelo amarillo. Mi Sofía.

Doy asco: el pulóver suave que se me marca, la boca pintada como después de haber acabado, mis cachetes acalorados como si hubiera cogido sólo boca abajo, todos los movimientos de mi cuerpo diciendo que te odio, que hablo no mejor pero más cómoda que vos, que sé más que vos y que seguramente toda tu familia y todos los antepasados de tu familia juntos, que mi presente si bien no es lo que querría es algo digno, no tan pelotudo, aburrido, monótono y cagón como el tuyo y así de reventada, ah, y lo peor de todo, así de rubia, le dije. ¿O sea que si no hay boletería abierta y considero que vos vas a estar acá cuando llegue, no voy a poder viajar en tren? Estás diciendo eso, ¿no? ¿Te das cuenta? Yo no sé qué creés que sos en esta empresa, en TBA, pero por lo visto no entendés que no sos nada. Lo que pienses que hacés diciéndome esto; lo moral o correcto o argentino o excepción a la regla del argentino chanta que creas que sos está errado, estás muy mal. Yo no entiendo ¿te estás poniendo la camiseta de una empresa que te debe meter un palo en el orto seis días por semana? ¿Me estás jodiendo A MÍ, imbécil, por algo que evidentemente tengo razón y por lo que vos deberías luchar adentro de la puta empresa de mierda en la que trabajás, así pendejas como yo no te rompemos las pelotas por algo que no te tendrías que hacer cargo? Antes de darme cuenta ya estaba caminando afuera de la estación, sin gritar porque el griterío se lo hice a medio metro de la cara. Cuando me iba escuchaba que este gordo forro, de rulos negros, boca destrozada, absolutamente intocable y másabsolutamente asesinable, ajusticiable, hombre/autoesclavo-al-pedo-en-el-mundo, me gritaba "Rataa! Juira de acá, gritona!".

PoresomegustatantoSofía.

Nuevo celular, nueva cadena (creo que nuestra relación va a ser siempre misteriosa)

|

Estaba soñando con una profesora de la facultad: unos treintaypico, rellenita, sin algunas muelas (se notaba porque sonreía mucho, así que no era nada grave), siempre fumando Marlboro Light de diez y los ojos desesperados, no entendiendo lo que la rodeaba, lo que éramos, para qué estaba, al margen del placer de fumar en un aula y después de refregar el brazo por el hielo del aire hijo de puta de las ocho aeme, leo este mensaje de 1613:

Tu factura
movistar vencio, de
no registrarse el
pago se
interrumpira el
servicio. Si
efectuaste el pago
ignore este SMS

Me dijiste que tus ojos eran verdes como las luces del teclado

Ahora veo el mensaje transcripto en esta hoja de papel tibia y por siempre plana, muy-de-carne. No sabía que existía la posibilidad de que uno llegara a dudar, por más de un segundo, quién, cómo o qué es lo que manda el mensaje. Nunca lo había pensado, pero a veces, como si el no-pensar escondiera una tierra de ideas ahí en el fondo de mi cabeza antes de poder dudar, pensar y remover, la idea de una máquina habitaba en mi fondo. No una computadora, porque las computadoras, por más lindas y avanzadas que sean, están para otra cosa. Los mensajes pertenecen a algo menos concreto, más humano, pero a su vez menos conocido que las computadoras. El terreno material, tecnológico en el que habitan los mensajes no es uno de computadoras. Tampoco de celulares. No me imagino un teléfono celular solo, chiquito, apoyado en una silla de oficina mandando miles de mensajes de texto a los deudores de su compañía; sí si fuera un celular grande, gigante, del tamaño de hombre, tembloroso y caliente, con una pantalla que fuera por poco un ojo largo y digital. Pero eso se parece más a lo que decía antes. Pensaba que la que se haría cargo de mis ojos pinchudos a las ocho de la mañana sería una máquina. Hasta que lo leí de nuevo.

De pronto hiciste un ruido... Y no hablaste como hablan las tuyas.

Primero sentí que me daban vuelta muy rápido, un segundo, cabeza abajo y después de nuevo arriba. Un cambio climático rápido y nada placentero: "Tu factura" contra "ignore este SMS". Hay un por qué que no lo sabía. No lo sé, pero de a poco algunas ramas fui corriendo, atrás de algunas ranas fui corriendo y me llamó de pronto, de nuevo, la atención; como si fuera, además del clima, un malestar corporal: Mi factura venció (sola); de no registrarse el pago (solo); el servicio se interrumpirá (solo)... y de pronto... "Si efectuaste el pago" (si yo lo efectué, si yo lo hice, porque claro, solo no podría, a pesar de que vencer, registrarse e interrumpirse sí puede solo) tengo que ignorar el SMS.

A su vez, mientras veía que arriba de las hojas obesas de ese pantano en el que me estaba metiendo no había luz, pensaba en los acentos no tildados. ¿Qué me importa una, dos, tres o todas las tildes? ¿Qué me importa si cambia cuando se le antoja la voz pasiva por una activa? Y seguía: ¿Qué me importa el dibujo espantoso que forma ese texto, cortado y decidido por la distribución del celular? ¿Qué importa si me trata de vos y al final, como si hubiera tomado algo no tan bueno, me trata de usted? Nada. Pero entonces, si era nada ¿por qué me molestaba la humedad, la tormenta poco coqueta que se me venía al estómago cuando releía el mensaje?

Te pido por favor que no me llames más con vibraciones.

Fácil:

  1. Empieza llamándome a mí, directamente (Tu) y de pronto me dicen que se interrumpirá el servicio. O sea: somos dos: yo (que ni siquiera soy el que garpo necesariamente, porque el pago se registra pasivamente por algo o alguien que quizás no soy yo), contra algo impersonal, que operará en el futuro (interrumpirá) y que, como si fuera poco verme metido en un quilombo con algouien/es que va-a-operar y no es entidad ni identidad, no hay posibilidad de cuestionarlo, charlarlo, contradecirlo o aclararlo.
  2. Posiblemente, en un sentido gramatical normativo, estricto y de vieja pedorra, mis incomodidades de esa índole estén mal fundadas. No sé; en mí, esto es parte del temporal que se venía en mi cuerpo: "Tu factura movistar venció". Punto. La bomba que me acaban de tirar no desaparece con una coma fea y mentirosa. Algo nuevo: "De no registrarse el pago..." y ahí sí decíme lo que quieras, cosa que, en este caso, es (y sí, lo es, pura y llanamente) un puta amenaza.
  3. "Si efectuaste el pago ignore este SMS". ¿Quééééééé???? Esta no es muy rebuscada. Ahí hay algo raro: ¿por qué de pronto, así como así, la entidad pasiva, incuestionable pero lo suficientemente copada como para vosearme me trata de usted? Esta podría ser una variación: "Si garpaste, discúlpenos". Pero para demostrar que va a empezar a "respetarnos", a tratarnos como "adultos" y dejar de ser mentiroso, copado y chamullero, escribe hasta la última palabra que tiene que ver con la persuasión de que pague en clave-macabra. Si nos equivocamos y el pago ya había sido efectuado, debo ser un señor, alguien que se debe tratar de usted.
  4. A nivel general: Estás en falta. Amenaza. Si te cortamos la cabeza y era un error, sorry.
  5. Las tildes no me importan. Y la recontrahijadeputez versera y asquerosa de poner movistar con minúscula menos.

Ahora sé que abajo de tus teclas corren venas llenas de sangre. Sangre mediocre como la mía.

Entonces, cuando releía tu mensaje escuchaba la idea de una noche. Pero una noche a las cuatro de la tarde; el sol nublado, chorreando humedad, todo abajo. Al principio encontré esa idea de la que te hablaba antes: cuando me quedé pensando en vos creí ver que antes de mis nuevas y primeras ideas, había en el suelo carnoso, anterior a mis pensamientos, una figura, una máquina. Algo, no alguien; sin persona, sin identidad y casi sin lugar. Nadie me mandaba lo que me mandaste. Pero después te leí y te escuché. Vi que tus palabras decían muchas cosas a la vez y ninguna fue buena. Dejé de verte de-mañana, superada (en el buen sentido) y sin identidad (sin una obligación de ser) y te empecé a ver de-ahora, de acá cerca, con un lugar y una identidad precisa. Manipuladora, persuasiva y a su vez errática, obvia. Pero me costaba verte así, ver a un inepto que no sabe de acentos. No pude creer que tu voz (¡tu voz!) saliera de la cara de un empleado torpe que no supiera nada de sintáxis, de coherencia de personas o de hasta la Importancia de su empresa. Y así te abrí.

Ahora, después de que la forma de tus teclas, tu pantalla y tu cuerpo se hayan vuelto una duda para mí, puedo olerte el cuello, abajo de la oreja, y saber que escondida en esas formas heladas que son tus mensajes, hay sangre caliente. Caliente y aburrida como la mía. Ojo: no quiero que pienses que pienso que hay alguien que piensa tu voz y tus palabras y me las mensajea. No, por favor. La sangre que olí abajo de tus números no es la de un otro mandando mensajes y menos la de una máquina (la idea primera). La sangre que olí es la mía. Lo único que me dijiste con esos cambios de persona, con esa amenaza pueril y barata, fue que abajo tuyo hay sangre, pero que esa sangre, como la que veo en todos, todos, todos los demás, no es más que la mía.

Lo Sagrado (el cine, la pulpa, el antes y las conchas frutales)

|


Ayer, leyendo el renovado y coquetísimo blog pulposo, me encontré, además de con una hermosa concha frutal o fruta con gusto a concha, con un post que desde el título hace referencia al cine como ese lugar (uno de los últimos) al que le llegó el fin de lo sagrado. Después el post, que se divide en una mitad escrita por el blogger en cuestión (Jáuregui) y otra mitad que es una cita tomada de 2666 (Roberto Bolaño), pone sobre la mesa una serie de ideas acerca de la experiencia de ir al cine que me dejaron pensando.

El cine


No voy al cine. No me gusta; las películas que veo en cartelera por lo general (el 89%) me parecen una recontracagada (y confío en mi instinto femenino) . De hecho me cuesta el cine, la película. El film. Me aburre, me parece corto, que cree decir mucho y no dice nada, mucho medio (imagen, sonido, hasta tacto) al pedo. Sin embaaaargoooo... hay ciertas ideas que en un principio me tientan, pero en cuanto las pongo en palabras hacen ruido. La crítica que se le hace a la experiencia social, estética y hasta religiosa de ir al cine hoy en día, me parece que muchas veces no se sostiene sola (se sostiene con un "siiiiii" general y vacío, de artistas o pensadores o quisquillosos -como yo-, pero masas al fin).

En principio, y lo digo tanto por el post del que estoy hablando como por la mayoría de las bocas que escuché, me cuesta pensar (a pesar de que sé que hay que rescatar el espacio público y otros lugares comunes) cómo alguien puede ir a un cine, multicine, Hoyts o lo que sea y esperar tener un mínimo de experiencia artística, religiosa o emocionante ahí. Realmente ¿alguien cree que en uno de esos lugares va a tener un momento, va a entrar en una situación emocional extra-ordinaria por haber pagado quince pesos y tres dedos para entrar? ¿No es el hecho de haberse dejado romper el culo, en el mal sentido, por una entrada, por dos horas de película, que nos pone tan mal cuando un boludón come pochoclo al lado?

Uno de los argumentos, sino Él argumento más habitual, para justificar la decadencia de la experiencia-cine (lugar físico) se basa en la intolerancia a los imbéciles de los que hablé recién: los personajes que hablan, que comen, mascan, toman del vasote como succionando garompas finitas y largas, más ruidosas que un mate. Entiendo. Peeeero: ¿no será más sano, conveniente para todos y sobretodo para el que lo lleve a cabo, tratar de aplacar esa neurósis que hace no poder tolerar al idiota de al lado? Digo: si sabemos que el estúpido que nos tocó de acompañante no va a cambiar y si lo va a ser no va a pasar en ese mismo instante, viendo esa misma película, ¿por qué mejor no tratar de olvidarse que existe, que molesta? ¿O es una verdad objetiva e irrefutable que lo que llena del arte debe contemplarse en silencio, en soledad y con cara de garcha? ¿Desde cuándo?

Personalmente, las experiencias artísticas o específicamente de cine (película) más abrumadoras y finales que tuve, fueron en muchas y variadas formas y colores: en la escuela, rodeado de gritos, golpes y culos para distraerse (Requiem Por un Sueño, La Naranja Mecánica, Pi) ; en una tele chiquita, charlando sin parar con mi acompañante mientras veíamos (INLAND EMPIRE); en un cine rodeado de pendejos gritones y babosos se me partió el corazón (El Rey León); en una función de vacaciones, con pochoclos volando por todos lados (El Exorcista, director's cut, Matrix); etc.


El cine de antes


Por otro lado, y quizás es el punto más flojo de la crítica hacia la experiencia-cine (porque es el patrón que se repite en un tipo de crítica que creo siempre malo y dañino, o inservible y estéril en el mejor de los casos) es la vuelta al pasado. La mirada romántica, pero que desde esta pospos-no-sé-qué que estamos viviendo se vuelve vacía y esterotipo de contracultura, a "los cines de antes".

Se dice que en los cines de antes el espacio físico era más acogedor, la gente era más silenciosa, se quedaban hasta que terminaran los títulos, aplaudían, había un telón rojo re místico, una sensación de soledad en el estómago oscuro de la sala, un abismo, un vértigo antes del inicio de la peli y otros tantos ingredientes que hacían de la experiencia-cine algo sagrado y hasta religioso. Lo Sacro.

No es que me guste llevar la contra. Pero.


Conchas frutales o frutas con gusto a concha


Primero, nunca supe bien de qué "cines de antes" me hablan porque desde que tengo memoria ir al cine es una mierda, porque la gente, el ruido, todas excepto un par de butacas en el medio y tantas otras cosas más son una mierda. Además, que yo sepa, en los cines de aaaaantes (si vamos a darle algún tipo de importancia a esa palabrita) se podía comer, hablar, tomar y hasta fumar.

Segundo, para entender el hecho de que la gente sea menos silenciosa hoy día, a pesar de que sabemos casi objetivamente que es porque la mayoría de nosotr@s somos más mon@s que otra cosa, creo que hay que ver también un aval del cine como lugar que plantea códigos, los lleva a cabo y de hecho los obliga ya que cualquier cosa "se llama a seguridad". O sea: que la gente tome, coma, hable, etc., es un hecho contemplado y estimulado por el mismo cine. Es como ir a la playa y ser de esas bianudas resentidas hijas de puta que creen malo que una gorda se clave una tanga blanca.

Tercero, el telón rojo de pana, las butacas de madera, el olor a viejo, los ventiladores y toda esa parafernalia fetichista, aburrida, deprimente y retrógrada ya no tienen ni siquiera el valor simbólico que se supone. ¿Un telón rojo es tan estimulante? De vuelta lo mismo de antes: creo que mejor que pretender volver a tener cines como antes, por qué mejor no aprender a ver la poesía de los lugares en nuevos elementos. De paso se usa el cerebro y los sentimientos que se disparan de él un poco más ¿no?

Cuarto, la cuestión humana. Que la gente aplaudía antes. Está bien, es lindo, un buen gesto, pero no pasa nada si ya no se hace. No es que la gente se odia más o menos por eso, que el director se sienta obviado (jajajajajajajajajaja) o que haya menos comunión entre las personas. De hecho, y también un argumento para la cuestión humana de cine de antes vs. cine de ahora, dicen que antes la gente se quedaba como pasmada en el asiento y ahora se va corriendo. No sé, pero supongo que los dos hechos son costumbres y poco más. El que se queda pegado se sigue quedando pegado adentro o afuera del cine; y en mi caso, que me pasa adentro, justamente me es imposible aplaudir cuando me gustó la película. Es como cortar el cable y de pronto tener un contacto sin motivo con el que proyecta la película o el que vende la Pepsi. Porque sino ¿para quién?


La pulpa es el arte


Por último, el fragmento de 2666 que se posteó en Pulpa de Todo, creo yo, no es más que un trozo de texto genial, con el que me siento 100% identificado, ancho y carnoso, pero por un hecho que no traté y que tiene que ver con muchas otras cosas más que con la experiencia-cine: ese fragmento es parte de una obra literaria autosuficiente y que, por encima de todo, es arte. No es sólo una opinión, una crítica, una voz. Es un conjunto de momentos. Como dice Bourriaud: un punto en una línea.

"El hijo de puta empezó a trabajar" y "Dios es amor y un culo"

|

El hijo de puta del noveno empezó a trabajar. Lo primero que vio en el camino al trabajo fueron unos carteles chiquitos, de unos 60cm x 50cm pegados arriba de carteles publicitarios, que dicen "CON MENEM TODOS GANAMOS" o "CON MENEM GANAMOS TODOS", no se acuerda, supone que la segunda. Tienen la misma estética que Carlos Soul usaba en los noventas: fondo azul marino y letra Impact blanca. Ah, esto lo ve mientras atraviesa Tigre, porque el trabajo parece que le queda en Nordelta o un lugar pegado al complejo (o lo que sea: ¿el country? ¿el barrio? ¿la caja?).

Este hijo de puta parece que también se sorprendió de la cantidad de esvásticas, signos de partidos nazis y toda esa pelotudez de esos forros que, según su humilde opinión dice el hijo de puta del noveno, tendrían que ser torturados día y noche en plazas públicas, ir muriendo de a muy poquito -cogerlos obvio que no porque en el medio de la tortura eso sería un placer para esos malcogidos- y después de filmarlo todo, editar un VHS (muy vintage el hijo de puta del noveno) y venderlo a precio módico para alegrar las fiestas multimedia en las que se pasan videos en una pared o cosas así. Dice que si con un DVD es más fácil está todo bien, que salga en DVD. Esas fiestas se hacen mucho en Tigre.

También le llamó la atención el cartel de un que no se acuerda de qué es, que está gastado por el sol y la lluvia (o así parece, dice) y que de protagonista tiene a Gasparín. La rubia teñida y pelotuda que tiene de mujer se rió cuando el hijo de puta dijo lo del cartel y corrigió: "es Casper, no Gasparín". Silencio. Después de un rato el hijo de puta del noveno dijo como si hubiera confirmado que Dios es un agujero negro que nos va a comer a todos (porque lo del agujero negro es una metáfora científica para no decirnos que en realidad Dios es un culo, pero no los cachetes lindos de una mina en bombacha (no tanga ni culotte), sino el asterisco color muerto que aparece cuando uno separa los cachetes con ganas de tener cabeza de garcha y culear con la jeta), dijo que quizás lo de Casper y Gasparín es una analogía a lo de los nazis y tantas esvásticas: si ese fantasmita triste y devaluado es Casper, cuando todos sabemos que Casper no puede ser tamaña mierda, es igual a pensar que Biondini, los skinheads de San Fernando y toda esa cagada humana son nazis, cuando todos sabemos que si Hitler hubiera podido dominar el mundo à-la-Bonaparte, nosotros los argentinos no hubieramos durado un segundo, y si sí, seguro que la bosta atómica de Tigre no hubiera sido, sino los pajeros de Recoleta, San Isidro, Barrio Parque y no sabe qué más.

Todo eso dijo el hijo de puta del noveno.

Posiblemente, la esvástica de este tipo sea por alguna religión hindú, oriental o algo así. Por la impresión que causa es que podemos ver que por una cuestión estética, y ya no conceptual, uno también puede ser un idiota.

Martes 13 me acordé de Puán

|
Siendo martes, siendo trece y encima de enero, Puán está tan lejos de mí. Tan tan que cada vez que recorro blogs o me detengo un poco en los estantes de atrás del televisor y la búsqueda que está haciendo mi vista (probablemente para toparse con mis anteojos o mi billetera) se detiene al ver un apunte amarillento, tétrico, o en el caso de los blogs, en algún comentario irónico o alguna foto de ese agujero infernal, me acuerdo de la facultad como si fuera otra realidad. Y de hecho lo es. No tiene nada que ver con nada (¿por suerte? ¿lamentablemente?). Por momentos uno se acostumbra y hasta está calentito en esa caquita que es esa construcción deforme, ex fábrica de no sé qué. Y por eso esto. ¿Un homenaje? ¿una denuncia? No, ninguna de esas dos seguro. En todo caso, un post afectuoso (con todo lo horrendo de esa palabra) para recordar con gracia los baños de la facultad. No son mensajes izquierditas, antisemitas, peronistas, trosko, anti-antisemitas, mst, peroneros anti putos o qué sé yo qué otra goma. Sólo traigo amor.

Puán, baño de hombres del segundo piso.

Mensaje nº1. "No sea mal educado. Antes de apretar el botón salude a Macri" (el autor mezcla con tal sutileza el humor, la política y la sonrisa cómplice que hasta podríamos pensar que es una campaña del pro).

Mensaje nº2. "¡quiero que tu glande estalle dentro mío! dejar cita" (al parecer algo ya estalló dentro del autor, pero en la cabeza de pija que le cuelga del cuello. ¿cómo va a apelar al "glande"...?)

Mensaje nº3. "Haa. Coger ya" (¿menos es más? en este caso sin ninguna duda que sí; precisión de arquero y aprehensión del environment; ¿muerte del autor? no: inscripción colectiva -masculina, al menos- autogenerada por esas paredes del saber).

Ay, es tan linda...

Sasha Grey

|

Lamento desde el último pedazo rosita de alma que me queda en el fondo del cuerpo, decirle a los infelices que todavía reniegan de tantas cosas con excusas baratas y noventeras, que esta suerte de angel tentador, negro y alucinante, joven, castaña, caracúlica y sin procesos estilísticos desproporcionados, es una actriz porno. La mejor.


La costumbre diaria de descubrir que las cosas son una reverenda garcha. Hoy: SAMSUNG X480

|

Hasta recién pensaba que este celular, SAMSUNG X480, no era una estafa tan grande de esas que parecen que por la plata que pagamos nos hacen lamer el pañal lleno de mierda enferma y con fármacos de una vieja "bianuda" de Martínez, sino que SAMSUNG disimulaba un poco y lo usaba de "pantalla"; el "buen producto de SAMSUNG". Qué inocente. Hoy me di cuenta de la verdad. Una vez más la misma verdad: es otra absoluta garcha.

NO tiene la palabra "ninfa" (y menos con derivativos) y tiene la palabra "fire" (que quiere decir "fuego" EN OTRO IDIOMA). O sea: NO tiene una de las palabras más hermosas, icónicas y absolutas sobre la faz de esta tierra podrida y tiene "fire", supongo que para escribir "Estoy on fire". Y como si fuera poco, si querés seguirla, hasta podés formar la palabra "Firewniasuervznpajivsmededansove". Pero "ninfa" no.

Mis deseos para estas Fiestas :-)

|

Para las fiestas pasadas escribí para un blog de locos una suerte de apunte acerca de la Navidad y lo volví a leer recién. Mierda que estaría embolado. Este año, en cambio, decidí cambiar :-)

Hasta año nuevo voy a postear una serie de deseos, anhelos, tópicos, como más guste, que voy a pedirle a Papá Noel (jijiji). Acá van los primeros dos.

Por favor, siendo las 0:12 de este Jueves 25 de Diciembre del 2008, creo que ya fueron suficientes años de festejar sonoramente de una misma manera. Las cañitas voladoras, petardos, cohetes, etc., están muy lindas, sí, todo muy lindo -mi problema no es el fuego, la seguridad o los chicos; de hecho cuando mi vecino sale a tirar una cañita le ruego al Jesusito que está naciendo ahora hace muchos años, que me conceda el milagro de atascarle la cañita en la camisa a mi vecino, que se prenda un poquito fuego, como si no fuera tan grave, pero que de pronto explote esa baratija que compró y que festeje el nacimiento de la concha de mi hermana gritando "¡mis ojos se derriten, auxilio, alguien llame una ambulancia por favor, no veo nada, no veo nada Mari, no veo!". Mi problema es la constancia: no soy el único que se sorprende, que le aburre pensar lo aburrido que es el hecho de festejar siempre, siempre, siempre, desde hace mucho tiempo (toda mi vida = ya es suficiente) de una MISMA MANERA. No pido que se vuelvan ateos, sexualmente libres, sanos y que empiecen a gozar realmente de la experiencia de existir. No. Que sigan festejando de otra manera. Algún idiota diría "¿por qué? si es Nuestro festejo; festejamos como queremos; al final el intolerante, el fascista sos vos". Imbécil, lo que pasa es que Sus festejos están rompiendo las pelotas, haciendo nada por nada y, lo peor de todo: no cumplen su función de festejo: hoy tirar esas cañitas de mierda o esos ruidos (sí, hay gente que prende un cartón o hasta una cañita para hacer nada más y nada menos que un ruido-muy-fuerte) son una pelotudez, comparado con el nivel de "festeje" que se puede tener. Salgan todos con guitarras a tocar, todos, al mismo tiempo, una misma canción, semidesnudos, borrachos de la sangre de Jesús y de la concha virgen de la Virgen que lo parió. Pásenla bien y dejen pasar bien al resto del mundo que no cree en sus cuentos para oligofrénicos.

Por favor, a los chicos que vayan a salir con el auto para festejar, ir a un boliche, chupar, falopa, bailar, la mina, pala, no se la pudieron levantar, chupar, joder a una gorda, grupote de amigos, pala, gritos en el auto y finalmente, tipo cereza del postre, agarrar con el auto a un fumón que caminaba pancho por ahí a eso de las 7:30 o chocar contra otro auto que venía tranqui, luz verde, un parejita, por favor, a todos ellos, chicos, por favor: si van a chocar, choquen y mátense solos. Es más, si escuchan mis cánticos navideños y quieren seguir reflexionando, hagan directamente eso: agarren el auto, vayan todos ustedes, pisteros, chetos, cabezas, millonarios, mediocres, infelices que van rápido en auto, todos ustedes, júntense en algún lugar vacío y chóquense. Es más, pueden ir directo al Buen Aire así después no hace falta trasladarlos. Elimínense que, ya que ustedes son los que chocan, saben que es lo correcto para sus vidas.


Dejo esta fotito para que se acuerden de la cara de enfermo hijo de una gran puta que tiene el loco este.

Felices Fiestas!