ESTRENO DE LA SUPEROBRA DE RICARDO MONTI, HOY!

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UNA HISTORIA TENDENCIOSA, de Ricardo Monti.
Viernes 21 hs, Teatro El Crisol. Arismendi 2658, Parque Chas (a 3 cuadras de la estación los Incas).
Ante la capacidad limitada de la sala, se sugiere reservar localidad al 4523-7605.

ACTÚAN Federico Alí, Catalina del Barrio, José María Delle Donne, Martín Gallo, Tomás Gatti, Guadalupe Gómiz, Daniel Ibarra, Amadeo Pellegrino, Gisela Robertucci, Gabriel Sabsay y Alberto Schwindt MÚSICA ORIGINAL Y EN VIVO Fernando Form VESTUARIO Y MAQUILLAJE Mariana Ron ASISTENCIA DE VESTUARIO Y MAQUILLAJE Julieta Giordani DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA Adriana Ovelar REALIZACIÓN ESCENOGRÁFICA Cintia Massari y Adriana Ovelar ASISTENCIA DE DIRECCIÓN Paula Zaurdo DIRECCIÓN Y PUESTA EN ESCENA Lucila Piffer

Para más información, www.unahistoriatendenciosa.blogspot.com

LOS ESPERAMOUUUUUUS

El arte es llorar y cagarse encima de felicidad

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Si no querés ser Él, estar en Ese público o haber formado parte de Eso, ESTÁS MUERTO, EN BLANCO, VACÍO, SOS UNA CAGADA HUMANA, TU SENSIBILIDAD SE LA TRAGÓ EL AUTO-MAC, LA LITERATURA SNOB Y LA MÚSICA QUE ESTÁ EN POSE. TENÉS QUE TIRARTE ABAJO DE UN TREN ASÍ NO SEGUÍS ENFERMANDO AL MUNDO. HIJO DE PUTA. DEJANOS SER. QUEREMOS REÍRNOS Y MOVERNOS COMO ESPÁSTICOS HASTA DORMIRNOS CON UNA SONRISA EN LA JETA. DE DÍA. EN LA PLAYA. Y con algo abajo de los brazos.


¡FIESTA! ¡JODA! ¡¡¡BAILOOONGO!!! y todos los sinónimos de qué hacer HOY! SÁBADO a la noche

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HOY! el elenco de Una Historia Tendenciosa se manda una joda en el HipBar, así que si querés querer que cuando quieras querer a alguien querido te quiera querer romper la quinta esencia del melón que querés llevar quieto en la cabeza, ¡pasááááte, mi querubín! y nos vas a querer más.

Quiero decir que queriendo querer reservar para quedarte con los queridísimos cobres para el bondi, reservá mandado un mail a fiestatendenciosa@gmail.com

Te queremos queriendo no parar de joder, querid@!!!!!!!

No hay cosa más linda que una rubia teñida

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Hoy hablé con Sofía. Me dijo que tiene los mismos problemas con movistar. Mientras íbamos en el 720 arrancábamos la cabeza de los huesos, doblando, torciendo hasta darnos cuenta que el cielo estaba adentro de un agujero que hasta hoy era de agua, abajo del puente por el que pasa el bondi todas las idas y venidas. Nos quedamos helados porque, además del frío, la noche de ayer, sábado, nos la habíamos pasado comiendo unas barras de chocolate color verde fluor que el cuñado de ella le había traído de afuera. Hoy mirábamos todo con ojos de lo contrario a un colibrí o un neurótico.

Todo eso lo creí, lo querí haber vivido o soñado al menos. No lo encontré en el 720. No pasamos la noche del sábado juntos. Yo no salgo los sábados. Hoy, domingo a la mañana, temprano, cuando todos los que duermen creen que todos duermen, yo me estaba peleando con una boca amorfa que adentro tenía amontonada una masa violácea y babosa, con tres o cuatro dientes puntiagudos y amarillentos, rugosos, clavados. Me decía que si había usado el servicio, por más cerrada que estuviera la boletería en La Lucila, ahí, en el culo del mundo, que se llama Tigre, tendría que pagarlo. "Pero yo pago para que entre otras cosas la boletería también esté abierta AHÍ". Primero me miraba las tetas, pero después se alteró. Dijo que si el servicio lo había usado tenía que pagar; que no era excusa lo de la boletería porque lo que importa es el viaje y que si no pagaba, la próxima vez que me viera sin boleto, cuando esté yo, aunque la boletería esté cerrada, NO PASÁS.

Es ahí cuando me alegro de que ella ahora tenga el pelo amarillo. Mi Sofía.

Doy asco: el pulóver suave que se me marca, la boca pintada como después de haber acabado, mis cachetes acalorados como si hubiera cogido sólo boca abajo, todos los movimientos de mi cuerpo diciendo que te odio, que hablo no mejor pero más cómoda que vos, que sé más que vos y que seguramente toda tu familia y todos los antepasados de tu familia juntos, que mi presente si bien no es lo que querría es algo digno, no tan pelotudo, aburrido, monótono y cagón como el tuyo y así de reventada, ah, y lo peor de todo, así de rubia, le dije. ¿O sea que si no hay boletería abierta y considero que vos vas a estar acá cuando llegue, no voy a poder viajar en tren? Estás diciendo eso, ¿no? ¿Te das cuenta? Yo no sé qué creés que sos en esta empresa, en TBA, pero por lo visto no entendés que no sos nada. Lo que pienses que hacés diciéndome esto; lo moral o correcto o argentino o excepción a la regla del argentino chanta que creas que sos está errado, estás muy mal. Yo no entiendo ¿te estás poniendo la camiseta de una empresa que te debe meter un palo en el orto seis días por semana? ¿Me estás jodiendo A MÍ, imbécil, por algo que evidentemente tengo razón y por lo que vos deberías luchar adentro de la puta empresa de mierda en la que trabajás, así pendejas como yo no te rompemos las pelotas por algo que no te tendrías que hacer cargo? Antes de darme cuenta ya estaba caminando afuera de la estación, sin gritar porque el griterío se lo hice a medio metro de la cara. Cuando me iba escuchaba que este gordo forro, de rulos negros, boca destrozada, absolutamente intocable y másabsolutamente asesinable, ajusticiable, hombre/autoesclavo-al-pedo-en-el-mundo, me gritaba "Rataa! Juira de acá, gritona!".

PoresomegustatantoSofía.

Nuevo celular, nueva cadena (creo que nuestra relación va a ser siempre misteriosa)

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Estaba soñando con una profesora de la facultad: unos treintaypico, rellenita, sin algunas muelas (se notaba porque sonreía mucho, así que no era nada grave), siempre fumando Marlboro Light de diez y los ojos desesperados, no entendiendo lo que la rodeaba, lo que éramos, para qué estaba, al margen del placer de fumar en un aula y después de refregar el brazo por el hielo del aire hijo de puta de las ocho aeme, leo este mensaje de 1613:

Tu factura
movistar vencio, de
no registrarse el
pago se
interrumpira el
servicio. Si
efectuaste el pago
ignore este SMS

Me dijiste que tus ojos eran verdes como las luces del teclado

Ahora veo el mensaje transcripto en esta hoja de papel tibia y por siempre plana, muy-de-carne. No sabía que existía la posibilidad de que uno llegara a dudar, por más de un segundo, quién, cómo o qué es lo que manda el mensaje. Nunca lo había pensado, pero a veces, como si el no-pensar escondiera una tierra de ideas ahí en el fondo de mi cabeza antes de poder dudar, pensar y remover, la idea de una máquina habitaba en mi fondo. No una computadora, porque las computadoras, por más lindas y avanzadas que sean, están para otra cosa. Los mensajes pertenecen a algo menos concreto, más humano, pero a su vez menos conocido que las computadoras. El terreno material, tecnológico en el que habitan los mensajes no es uno de computadoras. Tampoco de celulares. No me imagino un teléfono celular solo, chiquito, apoyado en una silla de oficina mandando miles de mensajes de texto a los deudores de su compañía; sí si fuera un celular grande, gigante, del tamaño de hombre, tembloroso y caliente, con una pantalla que fuera por poco un ojo largo y digital. Pero eso se parece más a lo que decía antes. Pensaba que la que se haría cargo de mis ojos pinchudos a las ocho de la mañana sería una máquina. Hasta que lo leí de nuevo.

De pronto hiciste un ruido... Y no hablaste como hablan las tuyas.

Primero sentí que me daban vuelta muy rápido, un segundo, cabeza abajo y después de nuevo arriba. Un cambio climático rápido y nada placentero: "Tu factura" contra "ignore este SMS". Hay un por qué que no lo sabía. No lo sé, pero de a poco algunas ramas fui corriendo, atrás de algunas ranas fui corriendo y me llamó de pronto, de nuevo, la atención; como si fuera, además del clima, un malestar corporal: Mi factura venció (sola); de no registrarse el pago (solo); el servicio se interrumpirá (solo)... y de pronto... "Si efectuaste el pago" (si yo lo efectué, si yo lo hice, porque claro, solo no podría, a pesar de que vencer, registrarse e interrumpirse sí puede solo) tengo que ignorar el SMS.

A su vez, mientras veía que arriba de las hojas obesas de ese pantano en el que me estaba metiendo no había luz, pensaba en los acentos no tildados. ¿Qué me importa una, dos, tres o todas las tildes? ¿Qué me importa si cambia cuando se le antoja la voz pasiva por una activa? Y seguía: ¿Qué me importa el dibujo espantoso que forma ese texto, cortado y decidido por la distribución del celular? ¿Qué importa si me trata de vos y al final, como si hubiera tomado algo no tan bueno, me trata de usted? Nada. Pero entonces, si era nada ¿por qué me molestaba la humedad, la tormenta poco coqueta que se me venía al estómago cuando releía el mensaje?

Te pido por favor que no me llames más con vibraciones.

Fácil:

  1. Empieza llamándome a mí, directamente (Tu) y de pronto me dicen que se interrumpirá el servicio. O sea: somos dos: yo (que ni siquiera soy el que garpo necesariamente, porque el pago se registra pasivamente por algo o alguien que quizás no soy yo), contra algo impersonal, que operará en el futuro (interrumpirá) y que, como si fuera poco verme metido en un quilombo con algouien/es que va-a-operar y no es entidad ni identidad, no hay posibilidad de cuestionarlo, charlarlo, contradecirlo o aclararlo.
  2. Posiblemente, en un sentido gramatical normativo, estricto y de vieja pedorra, mis incomodidades de esa índole estén mal fundadas. No sé; en mí, esto es parte del temporal que se venía en mi cuerpo: "Tu factura movistar venció". Punto. La bomba que me acaban de tirar no desaparece con una coma fea y mentirosa. Algo nuevo: "De no registrarse el pago..." y ahí sí decíme lo que quieras, cosa que, en este caso, es (y sí, lo es, pura y llanamente) un puta amenaza.
  3. "Si efectuaste el pago ignore este SMS". ¿Quééééééé???? Esta no es muy rebuscada. Ahí hay algo raro: ¿por qué de pronto, así como así, la entidad pasiva, incuestionable pero lo suficientemente copada como para vosearme me trata de usted? Esta podría ser una variación: "Si garpaste, discúlpenos". Pero para demostrar que va a empezar a "respetarnos", a tratarnos como "adultos" y dejar de ser mentiroso, copado y chamullero, escribe hasta la última palabra que tiene que ver con la persuasión de que pague en clave-macabra. Si nos equivocamos y el pago ya había sido efectuado, debo ser un señor, alguien que se debe tratar de usted.
  4. A nivel general: Estás en falta. Amenaza. Si te cortamos la cabeza y era un error, sorry.
  5. Las tildes no me importan. Y la recontrahijadeputez versera y asquerosa de poner movistar con minúscula menos.

Ahora sé que abajo de tus teclas corren venas llenas de sangre. Sangre mediocre como la mía.

Entonces, cuando releía tu mensaje escuchaba la idea de una noche. Pero una noche a las cuatro de la tarde; el sol nublado, chorreando humedad, todo abajo. Al principio encontré esa idea de la que te hablaba antes: cuando me quedé pensando en vos creí ver que antes de mis nuevas y primeras ideas, había en el suelo carnoso, anterior a mis pensamientos, una figura, una máquina. Algo, no alguien; sin persona, sin identidad y casi sin lugar. Nadie me mandaba lo que me mandaste. Pero después te leí y te escuché. Vi que tus palabras decían muchas cosas a la vez y ninguna fue buena. Dejé de verte de-mañana, superada (en el buen sentido) y sin identidad (sin una obligación de ser) y te empecé a ver de-ahora, de acá cerca, con un lugar y una identidad precisa. Manipuladora, persuasiva y a su vez errática, obvia. Pero me costaba verte así, ver a un inepto que no sabe de acentos. No pude creer que tu voz (¡tu voz!) saliera de la cara de un empleado torpe que no supiera nada de sintáxis, de coherencia de personas o de hasta la Importancia de su empresa. Y así te abrí.

Ahora, después de que la forma de tus teclas, tu pantalla y tu cuerpo se hayan vuelto una duda para mí, puedo olerte el cuello, abajo de la oreja, y saber que escondida en esas formas heladas que son tus mensajes, hay sangre caliente. Caliente y aburrida como la mía. Ojo: no quiero que pienses que pienso que hay alguien que piensa tu voz y tus palabras y me las mensajea. No, por favor. La sangre que olí abajo de tus números no es la de un otro mandando mensajes y menos la de una máquina (la idea primera). La sangre que olí es la mía. Lo único que me dijiste con esos cambios de persona, con esa amenaza pueril y barata, fue que abajo tuyo hay sangre, pero que esa sangre, como la que veo en todos, todos, todos los demás, no es más que la mía.

MOJA EN BEBÉ

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Campaña 2009

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(lo saqué de El Señor de Abajo)

Lo Sagrado (el cine, la pulpa, el antes y las conchas frutales)

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Ayer, leyendo el renovado y coquetísimo blog pulposo, me encontré, además de con una hermosa concha frutal o fruta con gusto a concha, con un post que desde el título hace referencia al cine como ese lugar (uno de los últimos) al que le llegó el fin de lo sagrado. Después el post, que se divide en una mitad escrita por el blogger en cuestión (Jáuregui) y otra mitad que es una cita tomada de 2666 (Roberto Bolaño), pone sobre la mesa una serie de ideas acerca de la experiencia de ir al cine que me dejaron pensando.

El cine


No voy al cine. No me gusta; las películas que veo en cartelera por lo general (el 89%) me parecen una recontracagada (y confío en mi instinto femenino) . De hecho me cuesta el cine, la película. El film. Me aburre, me parece corto, que cree decir mucho y no dice nada, mucho medio (imagen, sonido, hasta tacto) al pedo. Sin embaaaargoooo... hay ciertas ideas que en un principio me tientan, pero en cuanto las pongo en palabras hacen ruido. La crítica que se le hace a la experiencia social, estética y hasta religiosa de ir al cine hoy en día, me parece que muchas veces no se sostiene sola (se sostiene con un "siiiiii" general y vacío, de artistas o pensadores o quisquillosos -como yo-, pero masas al fin).

En principio, y lo digo tanto por el post del que estoy hablando como por la mayoría de las bocas que escuché, me cuesta pensar (a pesar de que sé que hay que rescatar el espacio público y otros lugares comunes) cómo alguien puede ir a un cine, multicine, Hoyts o lo que sea y esperar tener un mínimo de experiencia artística, religiosa o emocionante ahí. Realmente ¿alguien cree que en uno de esos lugares va a tener un momento, va a entrar en una situación emocional extra-ordinaria por haber pagado quince pesos y tres dedos para entrar? ¿No es el hecho de haberse dejado romper el culo, en el mal sentido, por una entrada, por dos horas de película, que nos pone tan mal cuando un boludón come pochoclo al lado?

Uno de los argumentos, sino Él argumento más habitual, para justificar la decadencia de la experiencia-cine (lugar físico) se basa en la intolerancia a los imbéciles de los que hablé recién: los personajes que hablan, que comen, mascan, toman del vasote como succionando garompas finitas y largas, más ruidosas que un mate. Entiendo. Peeeero: ¿no será más sano, conveniente para todos y sobretodo para el que lo lleve a cabo, tratar de aplacar esa neurósis que hace no poder tolerar al idiota de al lado? Digo: si sabemos que el estúpido que nos tocó de acompañante no va a cambiar y si lo va a ser no va a pasar en ese mismo instante, viendo esa misma película, ¿por qué mejor no tratar de olvidarse que existe, que molesta? ¿O es una verdad objetiva e irrefutable que lo que llena del arte debe contemplarse en silencio, en soledad y con cara de garcha? ¿Desde cuándo?

Personalmente, las experiencias artísticas o específicamente de cine (película) más abrumadoras y finales que tuve, fueron en muchas y variadas formas y colores: en la escuela, rodeado de gritos, golpes y culos para distraerse (Requiem Por un Sueño, La Naranja Mecánica, Pi) ; en una tele chiquita, charlando sin parar con mi acompañante mientras veíamos (INLAND EMPIRE); en un cine rodeado de pendejos gritones y babosos se me partió el corazón (El Rey León); en una función de vacaciones, con pochoclos volando por todos lados (El Exorcista, director's cut, Matrix); etc.


El cine de antes


Por otro lado, y quizás es el punto más flojo de la crítica hacia la experiencia-cine (porque es el patrón que se repite en un tipo de crítica que creo siempre malo y dañino, o inservible y estéril en el mejor de los casos) es la vuelta al pasado. La mirada romántica, pero que desde esta pospos-no-sé-qué que estamos viviendo se vuelve vacía y esterotipo de contracultura, a "los cines de antes".

Se dice que en los cines de antes el espacio físico era más acogedor, la gente era más silenciosa, se quedaban hasta que terminaran los títulos, aplaudían, había un telón rojo re místico, una sensación de soledad en el estómago oscuro de la sala, un abismo, un vértigo antes del inicio de la peli y otros tantos ingredientes que hacían de la experiencia-cine algo sagrado y hasta religioso. Lo Sacro.

No es que me guste llevar la contra. Pero.


Conchas frutales o frutas con gusto a concha


Primero, nunca supe bien de qué "cines de antes" me hablan porque desde que tengo memoria ir al cine es una mierda, porque la gente, el ruido, todas excepto un par de butacas en el medio y tantas otras cosas más son una mierda. Además, que yo sepa, en los cines de aaaaantes (si vamos a darle algún tipo de importancia a esa palabrita) se podía comer, hablar, tomar y hasta fumar.

Segundo, para entender el hecho de que la gente sea menos silenciosa hoy día, a pesar de que sabemos casi objetivamente que es porque la mayoría de nosotr@s somos más mon@s que otra cosa, creo que hay que ver también un aval del cine como lugar que plantea códigos, los lleva a cabo y de hecho los obliga ya que cualquier cosa "se llama a seguridad". O sea: que la gente tome, coma, hable, etc., es un hecho contemplado y estimulado por el mismo cine. Es como ir a la playa y ser de esas bianudas resentidas hijas de puta que creen malo que una gorda se clave una tanga blanca.

Tercero, el telón rojo de pana, las butacas de madera, el olor a viejo, los ventiladores y toda esa parafernalia fetichista, aburrida, deprimente y retrógrada ya no tienen ni siquiera el valor simbólico que se supone. ¿Un telón rojo es tan estimulante? De vuelta lo mismo de antes: creo que mejor que pretender volver a tener cines como antes, por qué mejor no aprender a ver la poesía de los lugares en nuevos elementos. De paso se usa el cerebro y los sentimientos que se disparan de él un poco más ¿no?

Cuarto, la cuestión humana. Que la gente aplaudía antes. Está bien, es lindo, un buen gesto, pero no pasa nada si ya no se hace. No es que la gente se odia más o menos por eso, que el director se sienta obviado (jajajajajajajajajaja) o que haya menos comunión entre las personas. De hecho, y también un argumento para la cuestión humana de cine de antes vs. cine de ahora, dicen que antes la gente se quedaba como pasmada en el asiento y ahora se va corriendo. No sé, pero supongo que los dos hechos son costumbres y poco más. El que se queda pegado se sigue quedando pegado adentro o afuera del cine; y en mi caso, que me pasa adentro, justamente me es imposible aplaudir cuando me gustó la película. Es como cortar el cable y de pronto tener un contacto sin motivo con el que proyecta la película o el que vende la Pepsi. Porque sino ¿para quién?


La pulpa es el arte


Por último, el fragmento de 2666 que se posteó en Pulpa de Todo, creo yo, no es más que un trozo de texto genial, con el que me siento 100% identificado, ancho y carnoso, pero por un hecho que no traté y que tiene que ver con muchas otras cosas más que con la experiencia-cine: ese fragmento es parte de una obra literaria autosuficiente y que, por encima de todo, es arte. No es sólo una opinión, una crítica, una voz. Es un conjunto de momentos. Como dice Bourriaud: un punto en una línea.

Mysteries of Love (Te falta un poco de esto)

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No estás completamente inventada

Te falta algo, te falta amor

Te falta ser como son los soldados

Que mueren juntos

al frente (amor)


Sabores Subterráneos I (experiencia gourmet)

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Buenas tardes. Buen after office.

Los Fragmentos presentará desde hoy, a lo largo de su existencia, mini-posts intercalados, exclusivos para el buen gourmet. No serán recetas ni consejos culinarios. Lo que el blog ofrecerá al complejísimo y sumamente artístico mundo de la haute cuisine, serán una serie de lo que se denominarán sabores subterráneos. El conocer la otra cara de una misma moneda que es ese sabor subterráneo de una comida, verdura, pieza o fruta que uno conoce, servirá a la estricta, muy estricta, estristísima y laboriososísisisima tarea de cocinar.

Ferdinanda Saki Pessoa Grey Newsom de Beauvoir -chef y gourmet de la casa-, no reveló si esos sabores subterráneos se encuentran en todas las comidas, postres, verduras o unidades mínimas de la cocina. Sin embargo, deja sus dos primeras observaciones de sabores subterráneos. Para conocer, entrar realmente en la comida y degustar el elemento en cuestión, es recomendable focalizar el pensamiento hacia la sugerencia del día. Las primeras veces no descubrirá el sabor subterráneo, las segundas creerá que es una sugestión y la tercera (si se llega a este nivel) sabrá que era verdad, ya que podrá descubrir sabores subterráneos en comidas todavía no posteadas y contribuir con Los Fragmentos y el mundo palermense de la comida moleculear.


  • Helado de Dulce de Leche = Sabor Salado
  • Uva Verde (fría, sin semilla) = Sabor a Semen
Or Vuá!