No hay cosa más linda que una rubia teñida (2)

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El otro día, él me dijo, aunque no recuerdo exactamente, algo con respecto a la altura del año en la que estamos, siendo, ella, particular, distinta, de alguna manera la única altura del año de los últimos años. Algo así, dijo él, como si nunca, a esta altura del año, hubiera sentido un año tan lleno, con tanto tiempo adentro y tantas cosas adentro.

Claro que, debido a mi natural y sino naturalizada afición por el infantil, gastado y bochornoso silencio, mi respuesta fue corta, obvia. NADA. Sin embargo, entendiendo que, tanto él, como cualquier ella, como cualquier todo y como cualquier cosa, no son más que las coordenadas trazadas por nada más que mi mente, traté de revertir la situación y contestarle en serio a él y al planteo que me hizo, a partir de preguntárselo a Sofía.

Mi Sofía. (En tanto lo mío es la lejanía absoluta entre lo que mis ojos deciden que ven y creen -sólo pueden creer y nunca saber- y ese ser que sólo sé que es porque lo decido; pero, si lo creo, si tengo fe en que ese otro, Sofía en este caso, es, también tengo que morir constantemente al entender que a lo que creo, en lo que tengo fe que es al margen de mi mente, nunca lo voy a poder alcanzar. Porque no soy yo).

Sofía, cómoda, inalterada, sin sonrisas ni infelicidad en los labios, me contestó que sí. Yo, dijo Sofía, estoy, aunque no lo había pensado, en la misma. Pero lo había sentido. Y eso, claro, está tantas veces más cerca del saber que el pensar.

El año, como una ballena que presenta signos, ni siquiera síntomas, de algo que parece una enfermedad, pero que no se sabe si es benévola, maligna o -lo más probable- indistinta a esas palabras vacías y aburridas, está llena de costras, granos gigantes, colores nuevos y alterados en nuevas y alteradas formas, lugares, de su irregular y nuevo cuerpo. Está, el año -la ballena- tan cargado de curaciones, autoflagelaciones, heridas, placeres y amores que parece, podría, llegar a explotar y nadie se daría cuenta de que falta un mes. Este año, me decía, aprendí la única lección que voy a aprender en mi vida: nunca voy a aprender. Y no lo digo porque haya cometido algún error que ya había vivido antes. No. Para nada. A lo que me refiero diciendo que nunca voy a aprender es que nunca, aunque pasen miles de años, voy a saber algo. Saberme a mí. Como si no pudiese controlar el tan furioso cuerpo de emociones que recorre mi sangre empetrolada, me vi siendo, mucho más que haciendo. ¿Hice más que otros años? ¿Menos? Qué importa. Aprendí a no aprender, ni siquiera quién o qué soy. Aprendí cuando me vi siendo, cuando me sentí siendo, por un segundo de abstracción o conexión total, pura y absoluta con mi ser, otra. Otra, dijo Sofía, que, siendo sincera, sabía que podía ser. Y cuando fui, cuando esa posibilidad se hizo hecho, aprendí que no me puedo aprender, que ser es distinto y tanto mejor que saber la posibilidad de ser. Y por ese ser no hablo de "cosas copadas" o "terribles sufrimientos" exluyendo unas u otras. Excluyendo la soledad o la compañía total. No. Por ser me refiero a verme, en este año, en distintos y un mismo momento, siendo algo más.

Creí, como nunca antes, dijo Sofía, en mí. Me odié hasta el punto de ser yo odiándome en toda la plenitud de mi ser. Me amé; me amé hasta sentir y saber que mis dudas, mis sospechas, mi paranoia era tan mía, tan real, estaba tan ahí que nadie me la iba a sacar, al margen de su verdad, de lo que sean los otros, de su mentira. Me olvidé, fui una olvidada y empecé a ser alguien que olvida. No me olvidé. Caí, como siempre o nunca, no sé, en que, no la persona, sino la sensación de amor, de ser en torno al otro no se puede olvidar, siendo una, tres o todos los chicos, modelos, amigos, pajeros, padres y no amigos que se cruzaron por mi vereda, mis noches, mi trabajo y mi computadora. Volví a amar. Fui alguien amando, en este año, como nunca fui en mi vida. Fui alguien lleno de odio, hasta acalambrarme la mandíbula, hacia el odio mismo de los demás. Me cansé. Fui y soy y de alguna manera seré alguien que se cansó de la violencia gratuita de los demás. Y me encargué de ser, a veces sin querer, otras queriendo, alguien llena de violencia gratuita. Pero yo, dijo Sofía, no voy a ser una imbécil más, repleta de esa violencia gratuita de manera infantil -más que yo-, pesada, asexuada y, sobre todo, aburrida. No. Mi violencia gratuita prácticamente no se ve. Mi violencia gratuita no me importa que se vea. Mi violencia gratuita no la muestro. La soy. Y esa violencia, gratuita a veces, con razones otras -para los demás; para mí siempre hay razones para ser violenta-, si la tuviese que describir, diría que se parece a la violencia inmensa de un acorde luminoso, sin raspones obvios, sin notas oscuras, de una guitarra con un poco, no mucha, casi nada de distorsión. Mi violencia gratuita, que corre en mi carne podrida cuando los miro, cuando sé que los voy a mirar y cuando sé que no estoy sola, se parece al helado de verano que se chorrea, se balancea y antes de caer, frío y para morir, en la baldosa sucia, se acomoda en los movimientos de serpiente que, innatos en su violencia, guían la mano del chico y no el chico a la mano. Y no caigo. Mi violencia gratuita se parece al silencio y a la lentitud emocionante que tiene un lavarropas cuando moja, enjabona, levanta y vuelve a soltarle la mano a la remera que, contenta, drogada de polvo y aromas tropicales, se deja violar por la máquina.

Mi violencia gratuita, dijo Sofía, es tener una seda flotando sobre mi cara, todo el día, todos los días, que me impide saber quiénes son los demás, cómo se mueve la realidad y, fundamentalmente, que no me deja ser reflejada en el espejo y ver -nunca voy a aprender- quién soy yo.

(Mustis) CALLES DE (timu) NORDELTA

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Caminaba por esas calles que uno imagina con un sol que, por estar a milímetros de distancia de nuestras caras, ya no quema, ya no tiene qué más quemar. Casas muy bajitas, para personas digitalizadas, de esas que están en los folletos de inmoviliarias de los noventas o carteles de obras muy grandes. Un lugar en el que el amarillo es sinónimo de gris, y viceversa. Pero no. Las calles no tenían nada que ver con eso. Era la noche. Esa calle fue la noche. Con árboles de esos que uno siente cuando mira que, sobre las zebras de plástico nordelteñas, hay hojas, algo pegajoso y una sombra acribillada y monstruosa. Lleno de sombras. Sin guardias, más que un auto que pasaba cada media hora. Y en el medio, entre las dos veredas verdosas y húmedas, había una luz borrosa, tan poco nítida, que se veían estrellas naranjas al lado de los postes y los cables. Pero lo importante vino después. Había llevado, para el camino a la Petrobrás, el cigarrillo viajero que me quedaba, y un encendedor verde que ya no usaba porque a pesar del ruido agudo y líquido que se oía cuando lo giraba como una hélice, estaba vacío. Y acá te perdí.



Ustedes, los que no fuman, no entienden. El sonido ahogado y ansioso de la rosca metálica, el chispazo disparando espinas impotentes de fuego, y el olor grisáceo, azulado y burlón del gas saliendo como sin saber por qué llegó hasta ahí, no son las mismas cosas para ustedes que para mí. La ausencia. El dolor. La soledad inmensa cuando uno sabe, por un relámpago de tiempo, que se va a rendir, que ya no funciona… crea enfrente de mis ojos un desierto iluminado, de casas deformes e irregulares, con autos a lo lejos y gente, civilización, a un par de cuadras, calles al fin y al cabo, pero que están vacías de sentido. Desiertas de alguna relación con mis emociones. Y, como si viviese en un pueblo de alguna montaña llena de tumbas vacías, y los astros, dioses o números, estuvieran insertados en el movimiento y destino de las cosas, el relámpago siguiente a mi relámpago de rendición, fue la llama que volvió a nacer. Mantuve el encendedor, innatamente, apretado, sin dudar de esa nueva parte de mi cuerpo, y sentí cuán lejos estamos. Cuán lejos llegamos a estar. Cuando, después de eras de angustia, la llama prendió, mis oídos calientes escucharon una explosión demencial, enorme, grave y absoluta, que cubrió las tierras, ahora prendidas fuego, del mundo, seguido al sonido del papel. Esas vocecitas quemándose vivas; miles de seres infernales, quemándose en el infierno del infierno, a medida que las brazas en la punta del cigarrillo, en mis dedos, en mi mundo, se iluminaron para exterminarlos y purificarme una vez más. Limpiarme de todas las enfermedades.

Sentí eso en las calles de Nordelta. Y nunca me encontraste.

mis calles de tu nordelta = tus calles de mi nordelta = mistus calles de tumi nordelta = tusmis calles de mitu nordelta = tis calles de timu nordelta = mus calles de ti nordelta

[me mataron en nordelta]

LA MUERTE: Peña, Michael Jackson y de Narváez

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El miércoles 17 de Junio, hace casi dos semanas, a las 18:38, me llegó este mensaje de un amigo:

Man! Se murio peña!

Estos últimos meses había escuchado bastante a Peña y me llamaron la atención un par de cosas. Lo noté más politizado, en el buen y único sentido: nunca había escuchado a otra persona hablar de política tan real y seria-mente. Ya no a partir de sus personajes, sino con la voz aireada y entera que recorría mis escalofríos por la mañana, escuchaba claro y verdadero que, por ejemplo, de Narváez es un narco recontrahijo de mil putas -y ahora que ganó toma otra dimensión, ¿no?-; San Isidro es un lugar manejado por mafiosos de la San Puta; la provincia de Buenos Aires, lo que hicieron con ella y los que hicieron con ella lo que quisieron, todos, son una garcha; que Nacha Guevara es Garcha Guevara; que Cristina, como Kirchner, son dos ratas de puerto con un lindo disfraz; que a D' Elía lo tiene que agarrar un camión; que los conchetos de San Isidro están todos del orto, enfermos hijos de puta. Que todo (y todo es el gobierno, el anti-gobierno, las terceras vías... en definitiva: todos: la gente: todos) empuja hacia la mierda. Que hay que salirse, escabullirse, se puede y es cuestión de plantarse y de no plantarse; de saber correrse todo el tiempo de la mano correspondiente y mirar cómo nos esquivan los bondis de frente. Viajar pasado en merca hasta Brasil; tener perros y quererlos más que a la gente; poder degollar uno de tus perros por una convicción artística; cagarse en todo, absolutamente todo lo que no sea real. Y por real quiero decir lo contrario a ciertos factores básicos de los que por suerte era bastante claro al atacarlos: el concheto orgulloso, el puto orgulloso, el político orgulloso, el cura orgulloso, el cabeza de tacho orgulloso, el travesti orgulloso, el macho-man orgulloso, el judío orgulloso, el mediocre orgulloso y más. Porque en definitiva, lo que unía a todos sus personajes era que presentaban una especie de seguridad en lo que eran. Pero una seguridad falsa. Una seguridad con respecto a una identidad que en realidad es otorgada por los otros, por la sociedad y, bueno, como somos parte de ella, por nosotros mismo al final, pero habiendo transitado un camino exterior, prejuicioso y cagón. Plantarse no es tener orgullo de lo que somos porque plantarse es saber que no somos nada. Mejor aún: somos la posibilidad de. ¿De qué? De cualquier cosa. Y cualquier cosa no quiere decir un personaje y ya: cualquier cosa quiere decir todo, adelante, el cambio, la multiplicidad, el no saber, la falta de certeza y elegir no elegir. Ser alguien que no termina de ser nunca y que de hecho deja de ser constantemente lo que era. Ser lo que está por ser. Etcétera.

El jueves 25 pasado, a las 19:45, me llegó otro mensaje de ese mismo amigo:

Se murio michael jackson

Cuando abrí el blog, en el primer post escribí acerca de Michael. Justo había cumplido cincuenta años y como siempre me había parecido muy, muy, muy, MUY complejo el movimiento de las cosas que lo rodean, claro, generado por el extrañísimo mundo, con sus ciudades y sus lagos, cabarets y salas de torturas, que era él, subí algunas ideas. Básicamente decía que el tipo este me pareció una continuidad de hechos, desiciones, noticias, bueno, información al fin y al cabo, que llamé TRANS. Se vestía, se operaba, se modificaba, sus abusos, su guita, sus deudas, los objetivos, la perspectiva en torno a Michael, todo, TRANS. Los contornos siempre los corrió; los límites entre bien y mal, claro y no claro, arte y basura, verdad y mentira, todo lo borroneó. Finalmente me preguntaba, a modo de duda TRANS, si todo lo que hizo con su cuerpo, con su prensa y demás no pudo haber sido por guita. No porque lo creyera, estuviera seguro de eso y odiara a las estrellas de Hollywood. Me parece que los límites de enfermedad/no enfermedad que transfiguró el rey del Pop habían llegado a tal punto que ya daba para hacerse cualquier pregunta. Hoy no. Hoy no tengo ganas de preguntarme si su muerte es real, TRANS o qué. No me interesa y justamente, creo, es porque me pasa lo que justamente me comentaba el mensajero este fin de semana: su muerte es algo muy artificial, que no me llega, y cuando lo hace, cuando pasa cerca de mi cara es como una brisa helada sin siquiera con olor a muerto. Michael Jackson concentró ciertos puntos fundamentales como para llegar al fondo de la tierra, besarle el culo al diablo y volver: arte, pedofilia, drogadicción, millones de $, deformarse el cuerpo como nadie lo hizo, mover masas, arte del mejor, estar completamente loco. Y eso que con el término locura no me llevo muy bien. Pero este tipo me superó. Qué análisis ni tres pelotas... Michael Jackson es la última cara de la historia del mundo. Hitler y después él.

El viernes 33 que viene, a las 20:52, me va a llegar este mensaje

Se murio de narvaez man!

Y no porque lo vayan a matar, se vaya a suicidar o vaya a tener algún tipo de explicación médica. Se va a morir, después ella, después Néstor y Cristina, después Solanas, Zamora y así hasta cada uno de nosotros. A la vez mi viejo me va a llamar al laburo y me va a decir que se murió mi abuela. No voy a sufrir y voy a conectarme al msn. No va a haber escándalo ni nada parecido en los nicks de mis contactos. No va a haber contactos conectados. Y voy a mirar afuera y ver cómo los que caminan son pocos. Y va a haber un cuerpo en la entrada de mi trabajo que va a ser el de una chica. Sofía. Mi Sofía. Y tampoco voy a llorar porque para eso va a estar mi compañero de trabajo: él va a correr hasta la puerta, la va a levantar apenas como en las películas y la va a abrazar. Va a saber que él debería haberse muerto con ella. y entonces todas sus entrañas, toda su sangre va a congelarse de una angustia enorme y se va a querer morir. Yo mientras voy a estar quieto. Mi Sofía. Voy a estar mudo. Queriendo haberla abrazado. Pero no lo voy a hacer, porque no creo y por ende no voy a querer realmente. El amor no existe. Entonces me voy a olvidar de Sofía como me olvidé de otras y me voy a acordar de mi familia. De mis días, mis mañanas. Y voy a verme desde arriba, casi a las nueve de la noche, naranja como el atardecer que va a estar siendo, solo. Voy a ver que nunca tuve familia y no voy a ver nada. Voy a saber que nunca tuve ropa, ojos ni boca. Los muertos van a caer silenciosos a mi alrededor, sin dramatismo alguno. Voy a saber que mis amigos van a estar muertos. Y me voy acordar que los amigos no existen. Que siempre estuve solo y que hasta en mi muerte, que no va a llegar rápido, pero no la voy a esperar ansioso, también voy a estar solo. Y cuando me muera voy a olvidarme de todo. Voy a dormirme a las nueve de la noche, de día, atardeciendo como toda mi historia, en el fondo del corazón de nadie. Nunca estuve en ningún lado. Muriendo mientras muere el mundo de fuego que es el sol.

La cultura se drogó cuando los políticos pidieron el puño de Jesús

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Hoy estuve en la primera radio de humor que tiene Latinoamerica, en el programa Ok! Entendimos (programa nuevito, de apenas dos semanas y monedas), leyendo esto:

Carta de una oyente indignada con los políticos.

Mi nombre es María Teresa Hicks, soy de Martínez y tengo veintinueve años. No tengo vergüenza en decir que antes me llamaba Fernando Andrés Hicks. Y esto es fundamental para entender cómo viene la mano: desde el año pasado, cuando me divorcié de Sofía, mi mujer, me siento nuy bien. Y sobre todo libre: acepté que adentro mío estaba María Teresa y la dejé salir. Acepté que cuando le acababa a Sofía no era porque me excitaba cómo se abría los cachetes, sino por lo tanto que la había podido fajar antes. Me acordaba de lo impresionante que era sentir su saliva caliente en mis nudillos, por la piña que le había encajado en pedo. Y me acordaba de mi primo Benedicto; pensaba en declararme y todo eso. Pero no me quiero ir de tema.
Lo que quiero decir tiene que ver con las elecciones. No es que la votación me quite el sueño. Pero por qué no me quita el sueño, ése es el tema…

LA DROGA. El tema es la droga. A mí no me van a convencer de que los candidatos que vemos estos días estén realmente en contra de la droga. Y eso me enerva, me saca. Me pongo tan nerviosa que tengo que abrir una ventana, gritar, no sé, patear algo, cortarme o algo así y odiar cada vez más. Me dan asco. Hijos de p… No, no quiero ser malhablada, pero la verdad ¿Alguien me puede negar que todos están fomentando la droga? Y no hablo del tema ese del narcotráfico, eso no existe, es mentira. A mí me importa la droga, todas, todas iguales, que consumen los pibes, los grandes, todos, la droga que está en la calle. Y yo sé algo que no se dice, algo que lo ocultan bien y es digno de un plan infernal. Nos mienten y para colmo les creemos, lo festejamos, creemos que hacen una buena gestión por eso. Y así guardan un secreto que hasta al más cristiano de los cristianos lo embauca. Sé que corro riesgo de muerte por decir esto, pero no me importa. Alguien tiene develar el secreto que guardan estos criminales. Y que me amenacen: yo sé que en el cielo Jesús me va acoger entera, dios, como me enseñó mamá.

La jugada más hija de puta de todos los políticos, TODOS, y que mantiene vivo al mercado de la droga tiene dos sílabas: cul-tura. Sí, la cultura. ¿¡No se dan cuenta!? Es eso. Y no hablo de los centritos culturales, los teatritos de cuarta, los barsuchos para bandas o los murales de mierda que pintan los “grandes dibujantes” de esta época. No. Hablo de la cultura enferma que se infiltra en nuestras vidas. Esa que está en las grandes casas de discos, en el San Teatro que tenemos en Corrientes, en el Bellas Artes, ¡en el Colón! ¡Todos esos lugares están enfermos! ¡Sí señor! Porque si usted, como yo, como María Teresa Hicks, hija de cristianos y algún día madre de cristianos, no quiere a la droga; si usted NO ESTÁ A FAVOR DEL INFIERNO DE LA DROGA, honestamente, como buena cristiana, tiene que agarrar todos sus libros, todos sus cassettes, sus dvs, sus discos y QUEMARRRLOS. Porque todos esos músicos, actores, escritores, ¡todos esos artistas!, estaban completamente drogados cuando hicieron sus obras. Así es. No hay droga si no hay cultura. No hay droga si no hay cultura. Si sabemos, vamos señores, que la droga es uno de los trucos del Diablo, ¿por qué no aceptamos que lo hace a través de la cultura? ¡Nos mintieron siempre! Y los políticos de hoy siguen hablando a favor de la cultura! Con Macri tenía esperanzas. Pero no. No terminó con todo.

¡Ay Jesúúús! ¿Por qué la realidad es tan cruel? Estoy en un mundo que no es mío, sola, sin nadie que me abrace como lo hacés vos, a la noche, ¡quiero más! No me alcanza el manto, tu pecho, quiero tu pecho en mi espalda Jesús; mi angustia desde que me levanto hasta que me acuesto, no la quiero más! Yo quiero tu mano, tu brazo, Jesúúús, quiero tu puño, tu puño adentro mío, por favor, meteme el puño Jesús, ahí Jesús, meteme el puño por atrás y sacame de este nido de serpientes…

Bendiciones para un país enfermo.

María Teresa Hicks

ESTRENO DE LA SUPEROBRA DE RICARDO MONTI, HOY!

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UNA HISTORIA TENDENCIOSA, de Ricardo Monti.
Viernes 21 hs, Teatro El Crisol. Arismendi 2658, Parque Chas (a 3 cuadras de la estación los Incas).
Ante la capacidad limitada de la sala, se sugiere reservar localidad al 4523-7605.

ACTÚAN Federico Alí, Catalina del Barrio, José María Delle Donne, Martín Gallo, Tomás Gatti, Guadalupe Gómiz, Daniel Ibarra, Amadeo Pellegrino, Gisela Robertucci, Gabriel Sabsay y Alberto Schwindt MÚSICA ORIGINAL Y EN VIVO Fernando Form VESTUARIO Y MAQUILLAJE Mariana Ron ASISTENCIA DE VESTUARIO Y MAQUILLAJE Julieta Giordani DISEÑO DE ESCENOGRAFÍA Adriana Ovelar REALIZACIÓN ESCENOGRÁFICA Cintia Massari y Adriana Ovelar ASISTENCIA DE DIRECCIÓN Paula Zaurdo DIRECCIÓN Y PUESTA EN ESCENA Lucila Piffer

Para más información, www.unahistoriatendenciosa.blogspot.com

LOS ESPERAMOUUUUUUS

El arte es llorar y cagarse encima de felicidad

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Si no querés ser Él, estar en Ese público o haber formado parte de Eso, ESTÁS MUERTO, EN BLANCO, VACÍO, SOS UNA CAGADA HUMANA, TU SENSIBILIDAD SE LA TRAGÓ EL AUTO-MAC, LA LITERATURA SNOB Y LA MÚSICA QUE ESTÁ EN POSE. TENÉS QUE TIRARTE ABAJO DE UN TREN ASÍ NO SEGUÍS ENFERMANDO AL MUNDO. HIJO DE PUTA. DEJANOS SER. QUEREMOS REÍRNOS Y MOVERNOS COMO ESPÁSTICOS HASTA DORMIRNOS CON UNA SONRISA EN LA JETA. DE DÍA. EN LA PLAYA. Y con algo abajo de los brazos.


¡FIESTA! ¡JODA! ¡¡¡BAILOOONGO!!! y todos los sinónimos de qué hacer HOY! SÁBADO a la noche

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HOY! el elenco de Una Historia Tendenciosa se manda una joda en el HipBar, así que si querés querer que cuando quieras querer a alguien querido te quiera querer romper la quinta esencia del melón que querés llevar quieto en la cabeza, ¡pasááááte, mi querubín! y nos vas a querer más.

Quiero decir que queriendo querer reservar para quedarte con los queridísimos cobres para el bondi, reservá mandado un mail a fiestatendenciosa@gmail.com

Te queremos queriendo no parar de joder, querid@!!!!!!!

No hay cosa más linda que una rubia teñida

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Hoy hablé con Sofía. Me dijo que tiene los mismos problemas con movistar. Mientras íbamos en el 720 arrancábamos la cabeza de los huesos, doblando, torciendo hasta darnos cuenta que el cielo estaba adentro de un agujero que hasta hoy era de agua, abajo del puente por el que pasa el bondi todas las idas y venidas. Nos quedamos helados porque, además del frío, la noche de ayer, sábado, nos la habíamos pasado comiendo unas barras de chocolate color verde fluor que el cuñado de ella le había traído de afuera. Hoy mirábamos todo con ojos de lo contrario a un colibrí o un neurótico.

Todo eso lo creí, lo querí haber vivido o soñado al menos. No lo encontré en el 720. No pasamos la noche del sábado juntos. Yo no salgo los sábados. Hoy, domingo a la mañana, temprano, cuando todos los que duermen creen que todos duermen, yo me estaba peleando con una boca amorfa que adentro tenía amontonada una masa violácea y babosa, con tres o cuatro dientes puntiagudos y amarillentos, rugosos, clavados. Me decía que si había usado el servicio, por más cerrada que estuviera la boletería en La Lucila, ahí, en el culo del mundo, que se llama Tigre, tendría que pagarlo. "Pero yo pago para que entre otras cosas la boletería también esté abierta AHÍ". Primero me miraba las tetas, pero después se alteró. Dijo que si el servicio lo había usado tenía que pagar; que no era excusa lo de la boletería porque lo que importa es el viaje y que si no pagaba, la próxima vez que me viera sin boleto, cuando esté yo, aunque la boletería esté cerrada, NO PASÁS.

Es ahí cuando me alegro de que ella ahora tenga el pelo amarillo. Mi Sofía.

Doy asco: el pulóver suave que se me marca, la boca pintada como después de haber acabado, mis cachetes acalorados como si hubiera cogido sólo boca abajo, todos los movimientos de mi cuerpo diciendo que te odio, que hablo no mejor pero más cómoda que vos, que sé más que vos y que seguramente toda tu familia y todos los antepasados de tu familia juntos, que mi presente si bien no es lo que querría es algo digno, no tan pelotudo, aburrido, monótono y cagón como el tuyo y así de reventada, ah, y lo peor de todo, así de rubia, le dije. ¿O sea que si no hay boletería abierta y considero que vos vas a estar acá cuando llegue, no voy a poder viajar en tren? Estás diciendo eso, ¿no? ¿Te das cuenta? Yo no sé qué creés que sos en esta empresa, en TBA, pero por lo visto no entendés que no sos nada. Lo que pienses que hacés diciéndome esto; lo moral o correcto o argentino o excepción a la regla del argentino chanta que creas que sos está errado, estás muy mal. Yo no entiendo ¿te estás poniendo la camiseta de una empresa que te debe meter un palo en el orto seis días por semana? ¿Me estás jodiendo A MÍ, imbécil, por algo que evidentemente tengo razón y por lo que vos deberías luchar adentro de la puta empresa de mierda en la que trabajás, así pendejas como yo no te rompemos las pelotas por algo que no te tendrías que hacer cargo? Antes de darme cuenta ya estaba caminando afuera de la estación, sin gritar porque el griterío se lo hice a medio metro de la cara. Cuando me iba escuchaba que este gordo forro, de rulos negros, boca destrozada, absolutamente intocable y másabsolutamente asesinable, ajusticiable, hombre/autoesclavo-al-pedo-en-el-mundo, me gritaba "Rataa! Juira de acá, gritona!".

PoresomegustatantoSofía.

Nuevo celular, nueva cadena (creo que nuestra relación va a ser siempre misteriosa)

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Estaba soñando con una profesora de la facultad: unos treintaypico, rellenita, sin algunas muelas (se notaba porque sonreía mucho, así que no era nada grave), siempre fumando Marlboro Light de diez y los ojos desesperados, no entendiendo lo que la rodeaba, lo que éramos, para qué estaba, al margen del placer de fumar en un aula y después de refregar el brazo por el hielo del aire hijo de puta de las ocho aeme, leo este mensaje de 1613:

Tu factura
movistar vencio, de
no registrarse el
pago se
interrumpira el
servicio. Si
efectuaste el pago
ignore este SMS

Me dijiste que tus ojos eran verdes como las luces del teclado

Ahora veo el mensaje transcripto en esta hoja de papel tibia y por siempre plana, muy-de-carne. No sabía que existía la posibilidad de que uno llegara a dudar, por más de un segundo, quién, cómo o qué es lo que manda el mensaje. Nunca lo había pensado, pero a veces, como si el no-pensar escondiera una tierra de ideas ahí en el fondo de mi cabeza antes de poder dudar, pensar y remover, la idea de una máquina habitaba en mi fondo. No una computadora, porque las computadoras, por más lindas y avanzadas que sean, están para otra cosa. Los mensajes pertenecen a algo menos concreto, más humano, pero a su vez menos conocido que las computadoras. El terreno material, tecnológico en el que habitan los mensajes no es uno de computadoras. Tampoco de celulares. No me imagino un teléfono celular solo, chiquito, apoyado en una silla de oficina mandando miles de mensajes de texto a los deudores de su compañía; sí si fuera un celular grande, gigante, del tamaño de hombre, tembloroso y caliente, con una pantalla que fuera por poco un ojo largo y digital. Pero eso se parece más a lo que decía antes. Pensaba que la que se haría cargo de mis ojos pinchudos a las ocho de la mañana sería una máquina. Hasta que lo leí de nuevo.

De pronto hiciste un ruido... Y no hablaste como hablan las tuyas.

Primero sentí que me daban vuelta muy rápido, un segundo, cabeza abajo y después de nuevo arriba. Un cambio climático rápido y nada placentero: "Tu factura" contra "ignore este SMS". Hay un por qué que no lo sabía. No lo sé, pero de a poco algunas ramas fui corriendo, atrás de algunas ranas fui corriendo y me llamó de pronto, de nuevo, la atención; como si fuera, además del clima, un malestar corporal: Mi factura venció (sola); de no registrarse el pago (solo); el servicio se interrumpirá (solo)... y de pronto... "Si efectuaste el pago" (si yo lo efectué, si yo lo hice, porque claro, solo no podría, a pesar de que vencer, registrarse e interrumpirse sí puede solo) tengo que ignorar el SMS.

A su vez, mientras veía que arriba de las hojas obesas de ese pantano en el que me estaba metiendo no había luz, pensaba en los acentos no tildados. ¿Qué me importa una, dos, tres o todas las tildes? ¿Qué me importa si cambia cuando se le antoja la voz pasiva por una activa? Y seguía: ¿Qué me importa el dibujo espantoso que forma ese texto, cortado y decidido por la distribución del celular? ¿Qué importa si me trata de vos y al final, como si hubiera tomado algo no tan bueno, me trata de usted? Nada. Pero entonces, si era nada ¿por qué me molestaba la humedad, la tormenta poco coqueta que se me venía al estómago cuando releía el mensaje?

Te pido por favor que no me llames más con vibraciones.

Fácil:

  1. Empieza llamándome a mí, directamente (Tu) y de pronto me dicen que se interrumpirá el servicio. O sea: somos dos: yo (que ni siquiera soy el que garpo necesariamente, porque el pago se registra pasivamente por algo o alguien que quizás no soy yo), contra algo impersonal, que operará en el futuro (interrumpirá) y que, como si fuera poco verme metido en un quilombo con algouien/es que va-a-operar y no es entidad ni identidad, no hay posibilidad de cuestionarlo, charlarlo, contradecirlo o aclararlo.
  2. Posiblemente, en un sentido gramatical normativo, estricto y de vieja pedorra, mis incomodidades de esa índole estén mal fundadas. No sé; en mí, esto es parte del temporal que se venía en mi cuerpo: "Tu factura movistar venció". Punto. La bomba que me acaban de tirar no desaparece con una coma fea y mentirosa. Algo nuevo: "De no registrarse el pago..." y ahí sí decíme lo que quieras, cosa que, en este caso, es (y sí, lo es, pura y llanamente) un puta amenaza.
  3. "Si efectuaste el pago ignore este SMS". ¿Quééééééé???? Esta no es muy rebuscada. Ahí hay algo raro: ¿por qué de pronto, así como así, la entidad pasiva, incuestionable pero lo suficientemente copada como para vosearme me trata de usted? Esta podría ser una variación: "Si garpaste, discúlpenos". Pero para demostrar que va a empezar a "respetarnos", a tratarnos como "adultos" y dejar de ser mentiroso, copado y chamullero, escribe hasta la última palabra que tiene que ver con la persuasión de que pague en clave-macabra. Si nos equivocamos y el pago ya había sido efectuado, debo ser un señor, alguien que se debe tratar de usted.
  4. A nivel general: Estás en falta. Amenaza. Si te cortamos la cabeza y era un error, sorry.
  5. Las tildes no me importan. Y la recontrahijadeputez versera y asquerosa de poner movistar con minúscula menos.

Ahora sé que abajo de tus teclas corren venas llenas de sangre. Sangre mediocre como la mía.

Entonces, cuando releía tu mensaje escuchaba la idea de una noche. Pero una noche a las cuatro de la tarde; el sol nublado, chorreando humedad, todo abajo. Al principio encontré esa idea de la que te hablaba antes: cuando me quedé pensando en vos creí ver que antes de mis nuevas y primeras ideas, había en el suelo carnoso, anterior a mis pensamientos, una figura, una máquina. Algo, no alguien; sin persona, sin identidad y casi sin lugar. Nadie me mandaba lo que me mandaste. Pero después te leí y te escuché. Vi que tus palabras decían muchas cosas a la vez y ninguna fue buena. Dejé de verte de-mañana, superada (en el buen sentido) y sin identidad (sin una obligación de ser) y te empecé a ver de-ahora, de acá cerca, con un lugar y una identidad precisa. Manipuladora, persuasiva y a su vez errática, obvia. Pero me costaba verte así, ver a un inepto que no sabe de acentos. No pude creer que tu voz (¡tu voz!) saliera de la cara de un empleado torpe que no supiera nada de sintáxis, de coherencia de personas o de hasta la Importancia de su empresa. Y así te abrí.

Ahora, después de que la forma de tus teclas, tu pantalla y tu cuerpo se hayan vuelto una duda para mí, puedo olerte el cuello, abajo de la oreja, y saber que escondida en esas formas heladas que son tus mensajes, hay sangre caliente. Caliente y aburrida como la mía. Ojo: no quiero que pienses que pienso que hay alguien que piensa tu voz y tus palabras y me las mensajea. No, por favor. La sangre que olí abajo de tus números no es la de un otro mandando mensajes y menos la de una máquina (la idea primera). La sangre que olí es la mía. Lo único que me dijiste con esos cambios de persona, con esa amenaza pueril y barata, fue que abajo tuyo hay sangre, pero que esa sangre, como la que veo en todos, todos, todos los demás, no es más que la mía.

MOJA EN BEBÉ

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